Archive for the ‘El crack’ Category

La familia Nacional

octubre 17, 2008

Jamás se pensó que en nuestro Estadio Nacional podría haber cupo para una familia. Pero lo hay, y para una gran familia. Los Robles son oriundos de Quilicura y por cosas de trabajo llegaron a Ñuñoa, el problema es que no llegó un par, sino que todos. ¿Dónde los metemos a todos? Como el chileno tiene corazón grande, cupieron en nuestro estadio.

Juan Robles es el patriarca de esta gran familia, y con 51 años llegó a trabajar a la granja del Estadio. El trabajo se lo dio la Federación Nacional de Caballos, y al aceptar el trabajo, Juan tuvo que adaptar un antiguo camarín para vivir. Poco tiempo después llegó su señora y la Federación le dio trabajo cuidando la granja. Al pasar de los meses, llegaron tres de sus hijos y la polola de uno, y un año después, llegó la mayor.

Ana Robles tiene 21 años y es la mayor de sus hermanos.Vivió en Quilicura hasta tres meses atrás, con su hijo, su pareja y dos sobrinos. Pero por cosas de desempleo tuvo que llegar hasta el “Elefante Blanco”, a vivir con sus papás.

Su pareja, Ángel, quedó desempleado y con un hijo y una mujer que mantener  por lo que no le quedó más remedio que vivir con sus suegros. Lo genial es que cuando llegaron al Estadio consiguió trabajo. Por eso, hoy día están postulando a un subsidio.

Ana cuenta que vivir en ese camarín no es lo mejor, porque son muchos para tan poco espacio. “Somos demasiados y vivimos todos apiñados, uno encima del otro”, cuenta riéndose.

Para ella es toda una experiencia vivir en el Nacional, porque cada vez que hay un partido o un concierto es una preocupación. Por un lado, hay que estar atento a que la gente no entre a ver a los animales y que no les hagan daño, y por otro, que no se metan a la casa. Tienen que hacer las compras temprano y no salir más, porque no los dejan. “Cuando mis hermanos vuelven del colegio, es un problema, hay guardias que no los conocen y no los quieren dejar entrar. La gente no sabe que se puede vivir en el Estadio.”

Para los Robles la peor época es el 18 de Septiembre porque la gente suele ir al Estadio y llevan a los niños, el problema es que la gente molesta a los animales y después es muy difícil alimentarlos, porque se ponen violentos.

De todas formas, no tienen mayor complicación en vivir ahí. Viven felices y se sienten como sí estuvieran en el campo. Nunca sienten ruidos de micros, ni bocinas, solo algunos hinchas enojados por los resultados.

De igual manera, les preocupa las elecciones municipales que se acercan. Como nunca han vivido una, no saben que pasará. No saben sí la seguridad del Estadio pondrá guardias en su casa como habitualmente se hace. Piensan que es una nueva aventura. Como lo ha sido su vida desde que viven ahí, una aventura a nivel Nacional.

 

 

 

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El súper hombre de las frutas

octubre 17, 2008

Al ver a un verdulero, cualquiera se imaginaría a un tipo normal, que trabaja para ganarse la vida como el común de los humanos. Sin embargo, Leonardo López Vega no es un hombre corriente. Tuvo que enfrentar una difícil niñez, una esforzada adolescencia y una adultez con problemas, lo que lo han convertido en una gran persona. La calidad humana de este hombre que partió desde muy abajo y que ahora lo lleva a tener todo, tiene una linda historia.

Tiene 45 años, lleva 20 años casado y tiene tres hijos. Su fuente de dinero es una verdulería ubicada en la calle Marathon. Para tener ese negocio tuvo que pasar por varios años de trabajo y esfuerzo. “Trabajo desde que tengo uso de razón”, cuenta. A los cinco años ayudaba a su papá a vender cebollas y así siguió hasta hoy día. “Me acuerdo que cuando chico quedaba con la cara marcada con los fierros de las rejas viendo como los niños jugaban con los regalos de la Navidad.”

En su adolescencia cargaba las carretas de la feria para hacer algo de dinero, dejaba las carretas y se iba a la Biblioteca Nacional a estudiar. Así pasó varios años, hasta que pudo hacer un capital para tener un puesto en la feria. Trabajaba días feriados y Navidades. “Es difícil, pero se puede. Para mi familia es complicado, pero me doy el tiempo para ellos. Converso con mis hijos y en la noche les doy su beso.”

Leonardo pasó hambre y frío en su niñez, eso lo llevó a prometerse que sus hijos no vivirían lo mismo. Gracias al trabajo de este gran hombre a sus hijos nunca les ha faltado algo. “Me he encargado de que tengan una buena educación y aunque los colegios sean caros, los pago, porque quiero que surjan.” A su familia no le falta nada y él se ha preocupado por eso.

El odio y el rencor no viven en él. Le ha tocado ver su local destruido por la maldad de algunos, se tiene que quedar la noche entera en su puesto, sí hay conciertos o partidos en el estadio. Días y noches sin su familia, pero sabe que son pruebas que nos van poniendo en el camino, y que la recompensa será mayor el día de mañana.

Dice que la palabra orgullo no cabe en él, sino que es un agradecido, un agradecido de Dios. “Él es perfecto y no creo imperfectos; siempre hay que pensar que vamos a triunfar, cuando uno piensa en la derrota, es un perdedor, pero aunque uno pierda pensando en ser ganador, vas a obtener algo.” Esa es la clave de su vida, lo que lo ha llevado a ser un grande, por dentro y por fuera. Es un hombre completamente feliz y a pesar de todo lo que ha vivido se le ve con una sonrisa en la cara.

Leonardo es un chileno generoso, que goza viendo a la gente feliz. “Cuando ayudo a alguien y veo la felicidad que hay, el que gana al final, soy yo.” No le gusta ver a las personas sufrir y si puede hacer algo para encontrar una sonrisa lo va hacer. La felicidad que vive la transmite a todo su entorno y a los caseros. Por eso mismo, la gente le compra. Es un agrado encontrarse con el súper hombre de las frutas.